El Peor Final es el Mejor Comienzo.
- Valentina Ramirez
- 4 ago 2022
- 3 min de lectura
Hace casi 20 días mi abuela falleció, lo que yo nunca me imaginé es que fuera a llegar al punto de anhelar y el desear que ese día llegara, porque si, los duelos por muerte son muy difíciles, pero también lo son los duelos por enfermedad, encontrarse en la absoluta incertidumbre pero sobre todo la insoportable impotencia de saber que alguien a quien amas está sufriendo y que no puedes hacer nada al respecto es insoportable, y es entonces cuando la idea de la muerte deja de ser condenada como un castigo y se convierte quizá en un espacio de tregua, de justicia, de dignidad…

Eso fue lo que viví con mi abuela antes de su muerte, un proceso familiar muy difícil en el que lo único estable y seguro era la incertidumbre encarnada, un día las cosas parecían mejorar y al siguiente de nuevo todo se nos derrumbaba, y pese a que fuésemos muy conscientes de la innegable realidad del dolor de verla partir era sencillamente inevitable guardar la esperanza y aferrarse con fuerza a cualquier posibilidad de un desenlace que no fuera la muerte. Pero en la vida pasan las cosas que tienen que pasar, la muerte llega, pero también lo hacen el sufrimiento y el dolor, no porque sean tres cosas inseparables sino porque hacen parte de nuestra condición humana de seres finitos y afectables.
Yo no puedo decirles que me siento absolutamente feliz, que he superado el dolor de la ausencia y la impotencia ante el sufrimiento porque les mentiría, pero lo que sí puedo contarles es que he aprendido a convivir con ellos, le he ido permitiendo diferentes espacios de mi vida y me he dado cuenta de varias cosas, lo primero, es que son como esos amigos molestos que van y vienen pero nunca puedes echar, lo segundo, es que cuando ya sabes que no puedes evitar que lleguen entonces es más fácil prepararles una sala en tu corazón atenderlos con un café y de repente conversar un rato con ellos hasta darte cuenta que tantos cafés y tantas charlas te permitieron entender que no eran tan molestos como pensabas y que la intensidad de sus emociones no era para siempre, que a cambio de tan malos días decidieron presentarte otros amigos que no conocías, los cambios, las despedidas y los nuevos comienzos.
Eso es lo que representó la muerte y la enfermedad de la Abuela Leti en mí, el cierre, la despedida y el nuevo comienzo, no solamente de lo que fue ella en mi vida, sino de lo que he sido; de los amores, de las relaciones familiares, de los desencuentros, de las injusticias, de las alegrías y las ilusiones que han venido revolviéndose en mi vida estos últimos dos años. Se sintió como una invitación directa del dolor a sentarme a tomar café con él, con una conversación fuertísima, triste, sumamente intima, pero también esperanzadora que terminó con la llegada un consuelo en forma del consejo y la decisión de llevarla dentro de mi como lo que fue y sobre todo con el firme compromiso de vivir libre, enamorada de mí y sobretodo llenísima de fortaleza para enfrentar los días difíciles puedan o no venir.
Finalmente, como es ya costumbre, quisiera dejarles a ustedes una invitación a reflexionar sobre todo esto, no es que quiera hacerle apología al dolor y mucho menos a la incertidumbre, pero si tienen algo de bueno sus visitas, es que después de que las conoces te dejan la puerta abierta a posibilidades infinitas y esperanza por vivir cosas nuevas. Lo que pasa es que a veces no las reconocemos así y nos olvidamos también de darle la bienvenida al cambio, al movimiento, de abrirle la puerta a los nuevos comienzos que de una u otra forma no llegaron solos y que si bien hay vacíos que nunca podremos llenar, es bueno aceptar que después de esos dolores no somos ni seremxs lxs mismxs. Además, podemos darnos el regalo de permitirnos ser nuevas personas, yo sé bien que aquí hablo puntualmente de la perdida de las vidas de quienes amamos, pero aplica básicamente para cualquier tipo de pérdida en la vida amorosa, laboral, familiar, etc. Así que les invito a no negarse al dolor, a sentarse a tomar café con él, pero también a emprender sus nuevos comienzos, y especialmente a quienes hayan perdido a alguien importante a recordarlos con amor y llevarlos con ustedes integrando en sus vidas todo lo que ellxs significaron y de lo que ellxs aprendieron.
P.D. Les regalo uno de sus tantos dichos "No mendigues amor"
Hasta pronto.



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